Cómo elegir a un socio

¿Qué hubiera sido de Steve Jobs sin Steve Wozniak; de William Hewlett sin David Packard; o más recientemente, de Larry Page sin Sergey Brin? Pensar al emprendedor como un llanero solitario que lucha contra las adversidades y sale triunfante, es una imagen cada vez más difícil de concebir. En esta tercera entrega de “Herramientas para emprendedores”: cómo elegir a un socio.

Uno de los aspectos más importantes que miran los inversores a la hora de decidir invertir su dinero en un emprendimiento, es el equipo. No importa qué tan buena sea la idea o proyecto; si el equipo no reúne las capacidades necesarias para llevarlo adelante, seguramente el negocio termine en fracaso, y el inversor ya lo ha comprobado. Es un buen equipo el que logra resultados sobresalientes de ideas tal vez mediocres, y no al revés, dado que la ejecución lo es todo en el emprendimiento.

Entonces, ¿cómo construir un equipo de “clase mundial”? Debido a mi actividad, me he reunido con muchos equipos de emprendedores. Varios estaban conformados por dos o tres profesionales de determinada área (ingenieros, contadores) que se habían conocido en la universidad y decidieron emprender algo juntos. Pero cuando dos personas se juntan, salvo que vayan a abrir un negocio directamente vinculado a su área (si son dos contadores, un estudio contable), no es lo más astuto conformar un equipo donde todos sus miembros aportan similares conocimientos y experiencias. En esto consiste la primera de las que yo llamo “las 4 C” de una sociedad de emprendedores: la complementariedad de los socios.

Complementariedad

En casa siempre escuché: “pan con pan, comida de tontos”. El equipo emprendedor debe reunir las capacidades para resolver diversos desafíos en un entorno cada vez más complejo. La complementariedad refiere a que los conocimientos, habilidades y experiencias sean diferentes entre sus miembros. Un equipo emprendedor debe contar básicamente con 3 perfiles de socios: un perfil técnico, quien dominará lo relativo al desarrollo del producto; un perfil comercial, quien será el que salga a conseguir los primeros clientes (o los más importantes); y un perfil de gestión, quien tenga los dotes de buen administrador, y una visión holística y estratégica del negocio.

Confianza

La segunda C, y tan importante como la primera, es la confianza que debe existir entre los socios. Los valores deben ser compartidos y la confianza, si bien se gana (una de esas cualidades que suben por la escalera y bajan por el ascensor), a veces la intuición es el mejor termómetro. No te asocies con quien, mirándolo a los ojos, no te inspire confianza o te genere dudas. Y si no confiás en tu propia intuición o considerás que no la tenés lo suficientemente entrenada, afortunadamente hoy existen los medios para verificar la reputación de cualquier persona vía la web y redes sociales. Es lo que muchas consultoras de personal realizan antes de entrevistar a potenciales candidatos: chequear los perfiles públicos (y no tanto) de las personas, sus fotos, sus ambientes y sus comentarios. Hoy todos tenemos una reputación tanto en el mundo real como en el virtual, de la cual cuidar; aunque pocos ponen atención a la segunda.

Compromiso

La tercera C, refiere al compromiso. Un socio puede ser de confiar, puede tener habilidades complementarias, pero podría no poner el mismo empuje en el proyecto que comienza. Y si cada uno de los socios no se compromete a tirar del carro con la misma intensidad, la relación de a poco se irá desgastando, cuando la fuerza, entendida como el compromiso, sea muy desigual entre ambos.

Compartir

La cuarta y última C refiere a compartir la visión (además de los valores). En ese bote llamado emprendimiento, todos deben remar para el mismo lado. Si hay visiones diferentes de hacia dónde se debe avanzar, eso generará conflictos en muy poco tiempo. La “zanahoria” debe ser la misma; lo que puede variar es la opinión sobre qué camino es mejor para llegar a ella.

 

Por último, se suele desaconsejar formar sociedad con amigos o familiares. De las 4 C, la C de confianza seguro estará. En la medida que se comparta la visión, haya complementariedad y se comprometan a empujar con la misma intensidad, no deberían haber mayores problemas. Sin embargo, siempre habrá problemas y fricciones durante la vida del negocio, por lo que se debe sopesar previamente, ya que un conflicto fuerte podría no solamente conducir a la ruptura de la sociedad, sino a la de la relación de amistad o familiar previa.

por Santiago Aramendía
@emprendedurismo 

Artículo publicado originalmente el 9/08/2012 en pro-universitarios.com