Didáctica robótica – La evolución del Proyecto Butiá

Proyecto Butiá surgió en 2009 con la idea de convertir a las XO en robots, pensando en la robótica como una herramienta educativa. A través de distintos encuentros, Butiá ha llegado a 3.500 niños y jóvenes de todo el país que investigan, crean y programan robots. A diferencia de otros kits de robótica, Butiá busca que el estudiante se ponga del lado de desarrollador, y no sea simplemente un usuario. La concepción de educación constructivista detrás del proyecto surge como una respuesta a las necesidades de estudiantes jóvenes de aprender haciendo y apropiarse de su conocimiento. Hablamos con el equipo de Proyecto Butiá sobre su experiencia con docentes y alumnos de todo el país.

¿Qué impacto tiene la vinculación con la robótica en la manera de razonar de los estudiantes?

Hay un gran impacto, sobre todo porque el estudiante trabaja por caminos alternativos a los modelos de educación tradicional o bancaria, en los que el docente transmite contenidos a los alumnos en un contexto determinado. Nosotros queremos que los chicos aprendan haciendo. Manejamos un enfoque constructivista de la educación. Los estudiantes que se apropian de su aprendizaje y construyen su propio conocimiento son más efectivos en materia de rendimiento. Con ellos es más fácil generar vocaciones. Otra cosa que se da con el robot es que el docente deja de ser alguien que tiene todas las respuestas y pasa a acompañar y guiar al estudiante en su aprendizaje. Algo interesante que sucede con los grupos es que ante un problema que planteamos, ellos se imaginan diferentes maneras de resolverlo. Ahí radica la sustentabilidad de la propuesta educativa. Siempre hay contenidos nuevos para explorar y cosas nuevas para crear. El robot se convierte en una herramienta didáctica que no se agota en sí misma.

¿Cómo acercan la robótica a los docentes para que luego transmitan la tecnología a sus estudiantes?

Nosotros organizamos un espacio de formación integral, que involucra las tres funciones universitarias: educación, investigación y extensión. Dividimos el proyecto en estas áreas. En la parte de docencia o educación, hicimos un curso de formación de formadores que tuvo siete ediciones en 2014. Pasamos de motivar al estudiante a motivar al docente para que use el robot. Hicimos mucho énfasis en que el maestro o profesor pueda transmitir lo que aprende a sus pares. Nosotros entendemos que los docentes son los expertos en pedagogía y didáctica, mientras que nuestra expertise es más bien técnica.

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¿Tuvieron buenos resultados a partir de esas experiencias?

La verdad que sí. Para que el docente apruebe estas instancias de formación, debe elaborar una unidad didáctica en la que utilice el robot como herramienta en sus clases. En respuesta a este planteo, han surgido ideas bastante innovadoras. En un liceo, realizaron la entrega de diplomas con un robot. Esto involucró a los alumnos del curso que había programado al robot para que realizara esta tarea, pero también a estudiantes y docentes de otros grupos, así como padres y diferentes agentes de la comunidad. Un grupo de estudiantes de Tala programó al robot para que recolectara muestras de tierra. No sólo trabajaron con Butiá, ya que como la plataforma permite integrar otros kits, combinaron Butiá con un kit LEGO, y entre ambos pudieron resolver un problema. Otro grupo programó al robot para atrapar ratones, detectando su movimiento, que posteriormente eran liberados. Todo esto se hizo a través de la XO, que es donde corre el código que decide el comportamiento del robot. Además, se aprovechan los sensores que tiene la XO, como la cámara y el micrófono. La diferencia que tiene Butiá con un kit comercial es que busca que el estudiante pueda apropiarse de la tecnología. Una persona logra un grado mucho mayor de aprendizaje cuando desarrolla algo que cuando le explican un concepto.

¿Qué contribuciones significativas han hecho los docentes?

Hace poco, unos docentes de UTU desarrollaron un sensor “casero”. A través del programa Acortando Distancias, de la ANII, estos docentes trabajaron durante un mes con nosotros sobre un problema concreto: buscar una alternativa económica para el sensor de distancia del Butiá. Este sensor es el componente más caro del robot y es desarrollado por SHARP. Eso quiere decir que si un día SHARP deja de fabricarlo, nos quedamos sin insumos. Así que por un lado, buscábamos independizarnos de proveedores y por otro, bajar los costos de la plataforma. En Montevideo ese sensor tiene un costo aproximado de 30 dólares y lo logramos sustituir por algo que cuesta 100 pesos en el mercado local. Teníamos un prototipo diseñado por un compañero de Ingeniería Eléctrica que funcionaba con ciertos problemas. Lo que hicieron los docentes de UTU fue analizar ese prototipo y mejorarlo en función de las necesidades del robot. Evidentemente, se pierden algunas capacidades. El sensor SHARP es costoso porque es muy bueno y preciso; entre otras cosas permite conocer la distancia a un objeto de forma milimétrica. Pero el robot no necesita ese grado de precisión, sino tener una noción de distancia acertada con respecto a los elementos de su entorno.

¿Cuánta gente hay en el entorno de Butiá?

El año pasado hicimos unos talleres con Antel que buscaban dar una idea de la robótica y cómo resolver un problema con el robot Butiá. A través de estos encuentros y otras propuestas que hicimos a lo largo del territorio nacional, llegamos a 3.500 niños y jóvenes. En los cursos de formación de formadores pudimos trabajar con 180 docentes que durante varios días se familiarizaron con el robot como herramienta y a su vez, replicaron la experiencia con sus pares.

¿Cómo se convoca a los docentes interesados en familiarizarse con la robótica?

Ahora en abril vamos a estar haciendo un llamado para un curso de Educación Permanente, una herramienta de la universidad para población no universitaria. Ese curso lleva certificado universitario y consiste en 8 talleres con una duración total de 2 meses. Es abierto a todos los docentes que estén interesados. También tenemos alianzas con ANEP, que a través de ProCiencia nos pide talleres específicos con cupos de 20 a 30 lugares. Antel por su lado nos financia talleres de formación para docentes con los que ellos están trabajando en otras áreas.

¿En qué están trabajando en el momento?

Básicamente en dos proyectos grandes. Uno tiene que ver con una nueva estructura mecánica del robot. La XO deja de estar sobre el robot, justamente para explorar otro tipo de plataformas computacionales. Eso impacta en el diseño del robot, que pasa a ser mucho más pequeño y liviano, y cuenta con motores más económicos. Por otro lado, en cuanto al software, estamos explorando una plataforma de programación que se pueda usar desde dispositivos móviles. Esto presenta ciertas complejidades, ya que tiene que funcionar en Android, IOS, Firefox OS, WP, etc. Lo que queda claro es que hay que ir por el lado de las tecnologías web, que son el denominador común de todas las plataformas. Es un entorno de programación muy similar al que tenemos hoy en día, orientado a bloques, y es compatible con cualquier dispositivo.

Nota de agencia EFE sobre alumnos del liceo de Tala trabajando con el robot Butiá:

Los alumnos del liceo público de la localidad uruguaya de Tala, emplazada en el interior rural, participan en un taller de robótica educativa en el que construyen sus propios autómatas con útiles facilitados por el proyecto Butiá, un programa que busca universalizar conocimientos tecnológicos

Fotos: Área de Comunicación de la Facultad de Ingeniería (UdelaR).