Diseñar el futuro – Álvaro Heinzen

Cuando se comprende que se vive en un presente que en cierta medida es una bisagra, la preocupación por lo que nos depara el futuro gana en prioridad. Vivimos el inicio de una era, las visiones apocalípticas y tecno-utópicas pelean por un lugar en la mente de cada uno de nosotros.

El desarrollo de la inteligencia artificial, los avances en biotecnología, la virtualización de las relaciones humanas y la presión del sistema de producción sobre el medio am­biente, entre otros, auguran un cambio de era.

¿Por qué deberían preocuparnos a nosotros uruguayos que vivimos tan lejos del centro del mundo y siempre lle­gamos tarde a los cambios?

Lo más comentado es que la Inteligencia Artificial va a ge­nerar la extinción de una cantidad de trabajos conocidos y surge la duda si vamos a tener nuevos trabajos para to­dos o vamos a obtener más tiempo libre. En caso de gene­rar nuevos trabajos es claro que vamos a tener un período de adaptación en el cual algunas generaciones van a sufrir su falta de preparación.

Pero si el resultado fuera más tiempo libre se altera ra­dicalmente todo lo que conocemos. ¿Cómo se mantiene cada persona si no trabaja en el sentido actual? ¿Pasarán a ser las actividades consideradas hoy menos productivas, las principales actividades de la humanidad? ¿Nos dedi­caremos en masa a las actividades culturales, a las artes? ¿Cómo se distribuirá la riqueza generada por los robots? ¿La querrán distribuir los propietarios de estos robots? ¿Se generarán enormes bolsones de exclusión y pequeños gettos felices de gente vinculada a la producción?

La fabricación digital puede permitir fabricar en series de uno y a medida para cada usuario. Pensar en enfrentarnos a una producción en la que la singularidad sea la norma podría cambiar profundamente la forma de pensar. La mayoría de las teorías económicas, sociales y políticas que hoy definen nuestra forma de ser como sociedades se moldearon en el esquema de reproducción industrial ma­siva. La producción seriada permeó en muchos aspectos la organización de la educación, los estados, las relacio­nes en las sociedades la forma de las ciudades, cómo nos alimentamos y vestimos.

La inteligencia artificial puede cambiar radicalmente la for­ma de la guerra y el control policial haciendo prácticamente imposible desafiar el poder. ¿Cuál es el espacio para las de­mocracias en un mundo así? ¿Cuál es el lugar en el mundo para un país pequeño si se volviera desafiante de cualquier poder? ¿Cuál es el sentido de un ejército de humanos? (1)

Uno de los grandes desafíos que enfrenta Uruguay está en su esencia ganadera. Los avances en biotecnología han permitido desarrollar una carne de sabor y textura muy si­milar a la actual sin necesidad de sacrificar un animal. (2) Se estima que en unos años esta carne va a tener un precio competitivo. ¿Cómo altera la economía de un país que prin­cipalmente vive de la exportación de carne una transfor­mación de esta naturaleza? ¿Cómo cambia esto la ética de nuestra alimentación? ¿Seremos productores de nicho o lle­gará un punto en que el cambio de sensibilidad de los con­sumidores haga que sea insostenible mantener ese modelo?

La clave para enfrentar estos desafíos es aprender a contar historias. Existe la creencia general que algunos autores de ciencia ficción se adelantan en el tiempo al realizar predicciones de lo que pasará. Soy de los que cree que estos relatos instalan en la mente de las personas nuevos mundos posibles y al instalarlos les dan el primer soplo de vida. Luego la gente que vivenció esos relatos, va a asumir esas cosas “irreales” como posibles y terminará haciéndo­las realidad. Vale para Julio Verne o para las historias de superhéroes. Estos relatos prefiguran muchos aspectos de la tecnología que hoy asumimos como normal.

Desde siempre los diseñadores hemos trabajado con el futuro ya sea éste más o menos cercano. En nuestro tra­bajo generamos acciones, cosas y comunicación que ten­drán impacto y modificarán ese tiempo por venir. Nuestra disciplina ha ido generando herramientas para pre-visua­lizar, ensayar y al final proyectar esos futuros. En los últi­mos años esto se ha dado en llamar design thinking.

El proceso de transformación del mundo nos exige un gran proyecto de re-diseño de país y una cosa buena po­dría ser enseñar pensamiento de diseño en las escuelas primarias y secundarias. Dotar a todos nuestros niños de herramientas para ser creativos, saber evaluar posibilida­des a la luz de unas premisas o restricciones, generar so­luciones a problemas cotidianos, tener una mirada global y no especialista de los problemas para tener una aproxi­mación humana a la técnica y superar el casi analfabetis­mo estético visual en que vivimos.

Richard Florida acuñó el concepto de clase creativa, un grupo de profesionales en cuyo trabajo es esencial el de­sarrollo de la creatividad y que identifica como motor de la economía del SXXI. Las ciudades que atraen a este grupo (3) son las que cumplen con las 3T: tolerancia, tecnología, talento. Estas personas prefieren entornos de tolerancia, sociedades abiertas y dinámicas, donde se respete la iden­tidad de género. Aquí como país tenemos un importante recorrido con la incorporación de la agenda de derechos, el sistema de cuidados y la cobertura de salud. Estos gru­pos son usuarios intensivos de tecnología, hoy tenemos acceso a tecnología de calidad en telecomunicaciones con amplia cobertura territorial. Podemos capitalizar la apuesta en el Ceibal, la incorporación del cable subma­rino, el datacenter de Antel, la industria audiovisual y las zonas francas de servicios. Por último, esta gente prefiere trabajar en lugares donde hay talento. Uruguay es, aunque no terminemos de entender por qué, un país de talento. En ese sentido apuestas como la ANII, la Facultad de Arte, los bachilleratos artísticos, el ballet del Sodre, el proceso de selecciones de AUF, la des-centralización de la UdelaR, la licenciatura en Jazz de la UTEC, los clubes de ciencia o la formación en robótica en los liceos son líneas a fortalecer. Tenemos un pequeño pero potente camino iniciado.

Uruguay necesitará de profesionales auto-programables, que tengan la información, la educación y la cultura nece­sarias para adaptarse a los constantes cambios de las con­diciones tecnológicas y profesionales. Necesitará de design thinkers nativos para generar un nuevo relato y modelarlo para ser más que apenas una excepción fluctuante en un continente siempre marcado por dolorosos contrastes.

Necesita también de liderazgos positivos que busquen componer. Que ayuden a entender la sinergia entre cosas aparentemente tan diferentes como la integración finan­ciera, la trazabilidad ganadera, el cambio de matriz ener­gética y la creación de una sociedad integrada. El impul­so y su freno, dilema histórico de Uruguay. Es imposible construir futuro desde una mirada pesimista, el pesimis­mo solo nos ancla en el pasado. El futuro es de quienes quieren ir hacia él, no de quienes creen que todo tiempo pasado fue mejor. Y su llegada es inexorable.

Álvaro Heinzen, Director en Kairos y Cronos Estudio de diseño.

(1) Future of Life Institute, (13/11/2017) You Tube, Slaughterbots.

(2) América Valenzuela, (25/03/2017) El independiente, La Carne de Laboratorio que hundirá a las granjas. 

(3) Florida, R., (2009), Las ciudades creativas. Por qué donde vives puede ser la decisión más importante de tu vida., Paidós Iberica Ediciones SA, ISBN 978-84-493-2204-4