Clima organizacional como tendencia social

Al ingresar al mundo laboral, las nuevas generaciones de profesionales comienzan a considerar este aspecto como una variable más a la hora de optar por un empleador

Existe una manera saludable de enfrentar la vida; aprendiendo día a día de ella y a su vez ejerciendo una adaptación activa al medio. Reconociendo desafíos, oportunidades, amenazas; adaptándonos a ellos en un proceso de cambio permanente en la búsqueda de un cierto equilibrio que nos brinde bienestar.

En la búsqueda de ese bienestar (individual, grupal, multisectorial, organizacional) los diversos actores se diferencian.
Unos lo buscan con un objetivo de supervivencia, otros con un sentido de diferenciación, y entre ellos, algunos con el fin de superación: son los que integran las vanguardias.

 

En este sentido, y en relación al tema del clima organizacional, la historia reciente nos indica que muchas organizaciones entendieron la necesidad de establecer procesos internos para analizar las percepciones del entorno grupal que los constituía.

 

En este proceso fueron aprendiendo los mecanismos internos para generar excelentes lugares para trabajar y las ventajas derivadas de ello. Todas ellas establecieron posiciones de prestigio social apalancando su trabajo en la formación y cuidado de su reputación corporativa.

  • Los elementos intangibles comenzaron a considerarse seriamente como algo diferencial y estratégico.
  • La tan anunciada guerra de talentos llego para establecerse.
  • El compromiso de los equipos de trabajo comenzó a marcar diferencias notables: esto fue significativo en las últimas crisis económicas.

No obstante, aun existe un número importante de organizaciones observando con admiración a aquellas destacadas pero sin decidirse a empezar. Desde las políticas públicas se continúan instrumentando mecanismos para garantizar umbrales de condiciones de trabajo sabiendo de su inexorable impacto social. A su vez, desde diversos sectores de la sociedad comienzan a reclamarse cambios efectivos en estos temas.

Por su parte, las nuevas generaciones de profesionales, al ingresar al mundo laboral, comienzan a considerarlo como variable de análisis; esto en el mundo así como en Uruguay. Es allí donde el clima organizacional comienza a tener una mirada diferente. Me refiero a la perspectiva social, que comienza tibiamente a mostrarse como tendencia.

Para fomentar esto, por un lado, se requiere de un disparador social que impulse a las organizaciones a emular a las mejores con el fin último de mejorar la sociedad. A su vez, se necesita de organizaciones con una mirada social inclusiva; donde además de hacer las cosas bien internamente, se agregue una mirada externa en su cadena de valor en el marco de la responsabilidad social empresaria.

En el caso de Great Place to Work Institute, este se ha posicionado como catalizador de la idea motora de impulsar a generar ambientes de trabajo en permanente mejora. A través de un modelo conceptual, y su expansión en el mundo, más de 3.800 organizaciones y 1.500.000 de personas hablan “un mismo idioma” en términos de clima organizacional.

Cada año más de 40 países reconocen el esfuerzo y destacan a las mejores.  Con esta acción inspiran a otras muchas que vienen trabajando para lograr ese reconocimiento social que es ser distinguido como Excelente lugar para trabajar. Últimamente países de Asia, Europa oriental y África se están sumando a este movimiento.

Como en cualquier iniciativa existen roles diversos. Todos ellos diferentes pero absolutamente necesarios. Tan solo el hecho de formar parte de esta tendencia social genera un fuerte sentido de orgullo, que confiere el hecho de hacer algo que trascienda la mera búsqueda de la supervivencia. Porque, en definitiva, toda sociedad y toda época  requiere de impulsores que lideren la vanguardia de las tendencias sociales, trascendiendo su propia existencia.

 

Omar Gennari

Gerente General para Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay
Great Place to Work Institute

 

—  Publicado originalmente en la Pro Universitarios #2