Emprendedor Part-Time

Varios de los programas de apoyo emprendedor suelen exigir la dedicación full-time de, al menos, uno de los socios en el emprendimiento. Ello podría estar perfectamente justificado debido a que se dedican recursos (muchas veces públicos) en dar esos apoyos y subsidios para que los emprendedores desarrollen sus proyectos. Sin embargo, no siempre resulta positivo empujar al emprendedor a que lo deje todo (llámese un trabajo en relación de dependencia) para llevar adelante una idea, que muchas veces no tiene basamento.

Quienes trabajamos en desarrollo emprendedor, debemos ser muy cuidadosos antes de dar mensajes del tipo “hay que quemar las naves”, o es necesario “dar el salto”. Si bien se sobreentiende que emprender implica asumir ciertos riesgos, yo siempre les digo a los emprendedores que participan de mis talleres, que quien se tira a una piscina sin saber si hay agua, más que un emprendedor es un kamikaze.

Es una realidad que solo un pequeño porcentaje de emprendimientos sobrevivirá a sus primeros años de vida. ¿Será por la falta de dedicación de sus fundadores? Yo soy de los que piensa que la mayoría de ellos no tendría que haber siquiera iniciado actividades, más allá de una prueba de concepto con potenciales clientes, un estudio de la competencia y de haber realizado unas cuentas manuales básicas sobre una servilleta de papel. Lo que sucede habitualmente es que comenzamos con muchas ganas, llenos de hipótesis no comprobadas, y nos dedicamos de lleno a perseguir un sueño, dándonos de trompa contra la dura realidad. La gente no paga por lo que ofrecemos; encontramos competidores que no habíamos identificado; y nuestros costos son demasiado elevados para tener un margen tal, que nos permita sobrepasar el punto de equilibrio.

La metodología “lean startup” promueve el “try fast, fail fast, fail cheap” (testea rápido, falla rápido y barato). En otras palabras, contrastar las hipótesis básicas con el mercado; es decir, que efectivamente hemos descubierto un problema insatisfecho o mal satisfecho, y que poseemos una solución por la cual alguien estará dispuesto a pagarnos.  ¿Esto significa dejar de lado toda planificación y basarnos únicamente en algunas opiniones de potenciales consumidores? No, la metodología “lean” utiliza el CANVAS (lienzo de Osterwalder) para delinear posibles modelos de negocio que, en definitiva, reflejan las hipótesis a validar “fuera de la oficina”.

Cuando vemos a un emprendedor totalmente enamorado de su idea de negocio, debemos incentivarlo a que pruebe el concepto, investigue el mercado y que valide sus hipótesis con clientes potenciales (que no sean familiares y amigos). Todo ello previo a que dé el salto al vacío. En algunos casos, dejar un empleo significa dejar un medio de vida relativamente seguro con un ingreso previsible todos los meses. Cuando la edad del emprendedor no es la de un joven universitario, y cuanta con una familia a la que debe mantener, hay que ser más que cuidadoso en no perder la cabeza por una idea que, por más genial que parezca, no necesariamente se convertirá en un buen negocio.

Lo más indicado sería hacer una transición paulatina emprendiendo de manera part-time y no quemar las naves o dar un salto al vacío de inmediato. Si pensamos que la dedicación en un trabajo en relación de dependencia es de 8-9 horas al día, esta cifra es muy inferior a las que habitualmente trabaja en promedio un emprendedor (de 12 a 14 horas, más feriados y fines de semana) para sacar adelante su proyecto. Por lo tanto, manteniendo el primero, todavía quedarían un buen número de horas de trabajo útiles que podrían dedicarse a un emprendimiento, en simultáneo al trabajo dependiente.

Si bien ello podría implicar un avance más lento, perfectamente pueden cumplirse los hitos necesarios de validación y prueba del concepto, con semejante dedicación semanal (entre 20 y 40hs). Ello se maximiza cuando hay más de un socio en el emprendimiento, y gracias a la división de tareas, el avance podría prácticamente ser el mismo que si alguno se dedicase full-time.

Por otro lado, he conocido equipos que “sacrifican” a uno de los socios para que él se dedique full-time, asegurándole un sueldo suficiente para su manutención y la de su familia. Este sueldo sale del bolsillo de los demás socios que conservan sus trabajos dependientes hasta tanto no empiece a girar la rueda. Solo una vez que el emprendimiento comienza a generar sus frutos, es cuando el resto del equipo renuncia a sus empleos para unírsele y dedicarse de lleno en un emprendimiento que ha demostrado una cierta tracción y resultados. De esta forma limitan, en gran medida, el riesgo que significa comenzar un nuevo proyecto.

En caso que se elija la vía de emprender de manera part-time, la organización personal en el aprovechamiento del tiempo y de la energía, serán claves. ¿Cómo hacer valer cada minuto disponible para avanzar en aquello verdaderamente importante? Soy un convencido que la Ley de Parkinson sobre la “flexibilidad” del tiempo, es real. Si solo dispones de 2 horas para hacer una tarea, la harás en 2 horas. Pero si dispusieras de 4, seguramente te tomarás las 4 horas. Es fascinante cómo uno se concentra, forzado por la necesidad, y cómo actúa la procrastinación cuando se cuenta con mayor holgura.

Si llegamos en la tarde, luego de una jornada laboral de 8 horas en un trabajo dependiente cuando la energía habitualmente mengua, utilicemos el impulso inicial de cambio de tareas para hacer lo más importante. En la medida que encontremos motivación en trabajar para un emprendimiento propio que nos apasiona, nos alimentará de la energía extra necesaria para realizar un tirón de varias horas más durante la tarde-noche, sin que el agotamiento nos venza.

Por Santiago Aramendía

@emprendedurismo

Foto:Arjan Richter – Bajo Licencia Creative Commons