Entre la pantalla y la pancarta

En Pakistán reclaman el acceso plural a la educación, en Birmania buscan evitar una masacre como la de Ruanda y en Indonesia quieren impedir la tala de grandes superficies de bosque, lo que tendría desastrosas consecuencias para la fauna del lugar. Si bien estas campañas se desarrollan en puntos del mundo muy distantes entre sí, tienen algo que las une fuertemente: todas se desarrollan a través de comunidades de activismo online que buscan unir la voz de cientos de miles de ciudadanos en pos de una causa.

Nadie se podría sorprender al escuchar que las redes sociales y los nuevos medios de comunicación e información han afectado contundentemente nuestras costumbres y nuestra forma de movernos en el mundo. Las nuevas generaciones han incorporado la tecnología a todos los aspectos de la vida, llegando incluso a interponer una pantalla en actividades que tradicionalmente se han llevado a cabo en el mundo offline.

La aparición de sitios como Avaaz (www.avaaz.org) o Change (www.change.org) brinda a las personas la posibilidad de involucrarse con causas globales, sin perjuicio de la ubicación geográfica de los activistas. En estas comunidades, cualquier individuo puede comenzar una petición y generar una campaña. Podría decirse que, comparándolas con el sistema electoral uruguayo, estas plataformas guardan cierto parecido a las iniciativas populares, siendo la gran diferencia que tanto Avaaz como Change no tienen efecto alguno en el parlamento. De todas maneras, la finalidad de estas comunidades es presionar públicamente a la persona u organización apuntada, haciéndole conocer la opinión que el público en general tiene sobre una determinada situación y buscando atraer la atención de la prensa hacia esta problemática. Aún así, en países como Brasil estas peticiones se toman muy en serio incluso a nivel gubernamental, al punto que en el senado de ese país se discute la posibilidad de que cualquier petición online que recoja 500.000 firmas pueda ser presentada directamente al Congreso.

A nivel global, Avaaz se adjudica varios “triunfos”, como el reconocimiento de Palestina como la nación número 194, la implementación de un sistema de becas en Pakistán que aseguraría la inclusión de todos los niños en el sistema escolar y el veto de algunos artículos de una controvertida ley que condenaba a la selva amazónica a la tala indiscriminada de miles de hectáreas. Estas iniciativas contaron con el apoyo de más de 14 millones de firmas cada una, lo que atrajo la atención de la prensa y de la opinión pública. Actualmente, una de las campañas más mediáticas, y por qué no más controversial, es la que involucra al joven informático Edward Snowden. La petición, que hasta el momento lleva recogidas cerca de 2 millones de adhesiones, está dirigida a Barack Oboma y hace “un llamamiento público para que Edward Snowden sea tratado justamente, de forma humana, y bajo el debido proceso”, exigiendo que el ex empleado de la CIA y la NSA “sea reconocido como un denunciante en favor del interés público y no como un peligroso criminal”.

Uruguay no ha sido ajeno a este fenómeno y han sido varias las peticiones “charrúas” que se han creado en estas plataformas. Prohibir las carreras de gatos en las criollas de Minas, asignar un bombero para el cine GrandPrix, prohibir los zoológicos y el sacrificio de animales en ritos religiosos, frenar la matanza de lobos marinos y detener proyectos que producen altos niveles de contaminación son algunas de las campañas made in Uruguay que se han ejecutado. De todas maneras, las dos iniciativas que más repercusión ha tenido, y que más adeptos ha recogido, han sido el reclamo por la construcción de ciclovías y lugares seguros para el tránsito de los ciclistas y una petición para expropiar el Cine Teatro Plaza para garantizar su uso público.

La campaña que fomenta la construcción de ciclovías, llevada adelante por la agrupación Gente en Bici Ciclovida, ha alcanzado la nada despreciable suma de 11.000 adhesiones, aunque aún le falta un largo trecho para llegar a las 15.000 rúbricas digitales que se propuso como objetivo. Los altos niveles de participación de la iniciativa se deben fundamentalmente a todas las órbitas que se verían afectadas por la construcción de las ciclovías. Según palabras de los organizadores, “la construcción de ciclovías no sólo es urgente para disminuir la emisión de gases con efecto invernadero en la atmósfera, la contaminación sónica y la congestión vial, sino también para promover espacios urbanos seguros e inclusivos que puedan convertir a Montevideo y a todas las ciudades de Uruguay en comunidades de convivencia y actividad social; es decir, que las ciclovías promueven la creación de ciudades más humanas”.

La petición para expropiar el Cine Teatro Plaza, por su parte, ha sido iniciada por el sociólogo Gustavo Leal y hasta el momento lleva recogidas unas 11.600 firmas. La iniciativa no busca sólo tratar el asunto del Cine Teatro Plaza en sí, sino que intenta regularizar la situación de algunos edificios de la ciudad de Montevideo, creando un “catálogo de uso de los edificios emblemáticos de la ciudad, lo que implica un acuerdo colectivo sobre los destinos que pueden tener algunos lugares de la ciudad que marcan y perfilan nuestra identidad. De lo contrario, tendremos una ciudad sin memoria”. Más allá de la gran cantidad de firmas digitales recolectadas, la campaña puede considerarse exitosa por todo el movimiento mediático que se generó en torno a ella. Según los organizadores, “se logró instalar el tema en el debate público y en los medios de comunicación. Se mantuvieron diálogos con la Intendencia de Montevideo y con el MEC. A partir de la movilización, AGADU y el Grupo Centro (que reúne a 500 empresas de Ciudad Vieja, Centro y Cordón) expresaron públicamente su interés en ser parte de la solución”.

 

Activismo y Clicktivismo

Como se podía estimar, estas nuevas formas de activismo online o e-activism han generado críticas desde algunos sectores, principalmente de aquellos que se definen como activistas ortodoxos y que participan de este tipo de actividades desde hace un largo tiempo. En este contexto es que ha surgido el concepto de “clicktivismo”, un neologismo peyorativo que busca minimizar el accionar de aquellas personas que prefieren “cambiar el mundo desde sus computadoras”. El clicktivista sería un activista de sillón, alguien que considera que puede “levantarse” desde la comodidad de su hogar de una forma políticamente correcta sin afectar su imagen pública. Este tipo de activismo se realizaría buscando una sensación de auto-complacimiento e intentando proyectar una imagen humana y solidaria hacia el exterior. El término clicktivismo no se refiere únicamente a la firma de peticiones, sino que también abarca actitudes como compartir imágenes y videos en redes sociales u otros actos que impliquen un esfuerzo mínimo por parte del implicado.

Si bien las críticas al clicktivismo tienen cierto sustento, es innegable que las redes sociales y las nuevas comunidades de activismo online tienen un peso que no se puede minusvalorar. Además de todos los casos mencionados anteriormente, el papel fundamental que cumplieron las redes sociales en la revolución social que estalló en Egipto en el año 2011 confirma esta tendencia. Las convocatorias llevadas a cabo a través de Facebook por el activista Wael Ghonim resultaron elementales para el derrocamiento del régimen político activo en ese entonces. De todas maneras, es preciso aclarar que en el caso Egipcio la acción del pueblo en las calles también fue sumamente importante. De eso se trata, de encontrar el equilibrio.

 

 Change – ¿Qué es lo que quieres cambiar?

Según sus propias palabras, Change es “la plataforma de peticiones más grande del mundo. Buscamos empoderar a las personas para que generen los cambios que se proponen”. El foco de Change está puesto fundamentalmente en la firma de peticiones, estando abierto a que cualquier individuo inicie una campaña y la administre a su manera. Esta plataforma se presenta como la mejor opción para quienes deseen ejecutar una acción local que no pueda alcanzar niveles de participación que superen el millón de adhesiones. Change trabaja en conjunto con más de 1.000 de las mayores y más reconocidas organizaciones sin ánimo de lucro y organizaciones no gubernamentales del mundo, entre las que se destacan Amnistía Internacional y Humane Society.

www.change.org

change

 

Avaaz – El mundo en acción

Avaaz se autodefine como “la comunidad activista que acerca el poder y la voz de la gente a los centros políticos de decisión a nivel mundial”. El gran diferencial de Avaaz es que alberga campañas de alcance global que en algunas ocasiones superan la friolera suma de 10 millones de firmas digitales. La plataforma fue creada en 2007 y en 2012 creó un sitio especial para pequeñas peticiones, aunque el foco sigue estando puesto en las convocatorias masivas. Avaaz no se limita únicamente a la recolección de firmas, sino que financia campañas en los medios tradicionales, envía mensajes, realiza llamadas a funcionarios de gobiernos, y organiza protestas y eventos offline. Actualmente, la organización tiene sedes diseminadas en varias ciudades, entre las que se destacan Londres, Nueva York, Río de Janeiro y Madrid, contando con más de veinte millones de miembros en todo el mundo.

www.avaaz.org

Avaaz

Por Manuel Gros