Los 42 km de facultad

Desde divertirse hasta quemarse las pestañas. Ir en primera o querer dar reversa. Una reflexión sobre ‘esto’ de hacer carrera.

 — por Diego Paz. Publicado originalmente en la Pro Universitarios #8

 

La carrera a veces se parece mucho a eso: a una carrera; a una maratón hacia el título. El primer año está plagado de obstáculos, algunos verdaderos, otros no tanto. Como una partida, es vital arrancar con todo para que después todo se te haga más fácil.

Por supuesto que en el proceso vas a encontrar muchas cosas que no te gusten, como esas famosas ‘materias filtro’, o los clásicos comentarios pesimistas como “uhh, que larga esa carrera, no querrás hacer algo más corto”. No hagas caso, si estás ahí es porque crees que eso es lo que te gusta hacer, esas pequeñas cosas no tienen que intimidarte.

Además, si sos de Montevideo, siempre podés pensar en tus nuevos compañeros del interior, que llegan a hacer 700 km para poder estudiar lo que quieren, alejados de sus familias y de la ciudad que conocen. Ese podría ser un gran motivo para detenerlos, pero sin embargo están ahí, en el banco de al lado.

De todas formas, enfrentarse a la facultad por primera vez, o simplemente comenzar un año nuevo, es una experiencia personal única e intransferible. Aunque sería mucho más fácil si hubiera un manual, pero a lo sumo solo unos consejos útiles. Sentarte en un salón gigante con 300 desconocidos (o 50, o 20) es algo que tenés que vivir vos, nadie más. Porque además, si vas con tus viejos, no vas a hacer muchos amigos.

¿La decisión correcta?

Otra de las particularidades que tiene escoger una carrera es que parecería que a los 18 años (más o menos) estás eligiendo tu futuro laboral; incluso algunos adelantados llegan a imaginarse 20 años después con lentes, varias canas y una pila de libros gigante en un escritorio. Es entonces cuando esa decisión parece transformarse en algo muy importante y en eso hay algo de cierto: la elección de la facultad es muchas veces la primera gran decisión que hay que tomar, por ello está rodeada de incertidumbre.

Ahora bien, ese nuevo reto, el de enfrentarse a un programa de estudios que debería incluir cosas que te interesan, no implica que el recorrido sea siempre sobre ruedas. A veces se hace cuesta arriba: no faltarán ocasiones en las que vas a querer dejar todo e incluso te vas a preguntar “¿Qué hago yo acá?”.

Álvaro, de 23 años, trabaja hace seis años y en 2010 empezó Medicina, la carrera  más larga de todas, que puede llegar a tener 13 años de duración con la especialización. A los pocos meses abandonó porque tenía que seguir trabajando y la facultad implicaba demasiadas exigencias. El problema: incompatibilidad entre su necesidad de trabajar y la carrera escogida. La solución: comenzar de nuevo la facultad, pero esta vez Neurofisiología en el Hospital de Clínicas, una opción con mayor flexibilidad de horarios y de cuatro años de duración. Sus expectativas: las mejores.

Su caso es el de muchos otros alumnos que en su primer intento erran la opción, pero el riesgo es ese, equivocarse y arrancar de nuevo. Al momento de optar cada uno sabe que existe esa posibilidad, solo es cuestión de dar marcha atrás y analizar mejores alternativas.

Hoy en día la oferta pública y privada en las Universidades es tan variada que debería existir un curso completo para conocer todas las carreras disponibles. No te preocupes, seguro más tarde o más temprano vas a encontrar algo que te guste.

El pelotón

Cuando ya estás más avanzado, a mediados de los estudios, pueden aparecer otros problemas, como sentir que todas las materias son un relleno, simples excusas para prolongar el camino al título. En una maratón tus músculos estarían cansados, sentirías que todavía falta mucho y la meta no estaría a la vista. La clave es no olvidarse que aún está ahí.

En esos momentos, que parecen nudos imposibles de resolver y que desestimulan, lo mejor es hablar con personas que estén aún más avanzadas o incluso trabajando. En sus palabras podrás encontrar muchas veces que el más extraño de todos los cursos es de mucha utilidad al momento de trabajar. No siempre los programas de estudio están equivocados.

Pero si recibís una respuesta contraria, podés plantearte lo siguiente: asistir a algunas clases que no te interesan en lo más mínimo y salvar dos o tres exámenes bien pero bien aburridos sin perder de vista tu objetivo final; tu zanahoria: el título.

Esto se refleja muy bien en las palabras de Santiago, estudiante de Ingeniería, al cual le quedan dos años para graduarse: “Los primeros años estaba más emocionado porque estaba viviendo algo nuevo, después llegué a un estancamiento y todo parecía aburrido. Este año, como estoy más avanzado, estoy mucho más motivado y pensando en terminar la carrera”.

Además, otro fenómeno que se plantea durante los años universitarios, que deriva de lo anterior, es descubrir que a todos no les gusta estudiar lo mismo, incluso dentro de la misma facultad. Es por ello que existen las especializaciones, que si no están incluidas en la carrera, seguro aparecen más tarde en el mercado laboral.

A veces hay que esperar un poquito más para poder desarrollarte en lo que realmente querés, pero no tengas dudas de que la plataforma para llegar a ese lugar es la facultad.

El remate

 El final de la carrera se destaca por la ansiedad, como el sprint final. Aquí la clave es no olvidarse de todo lo que hiciste antes y seguir concentrado en dar lo mejor, ya falta poco.

Algo que siempre ocurre es que llegado el momento en el que estás por terminar sentís que no aprendiste nada. Incluso al hablar con tus compañeros, ellos te dicen lo mismo y comienza una especie de paranoia que los hace sentirse inseguros a todos.

Esto se hace mucho más grave cuando piensan que el día de mañana se van a tener que enfrentar al primer día de trabajo, momento en el que se escuchan frases como “voy a estar re pintado” o “ni yo  me contrataría a mi mismo”.

No seas tan exigente, a todos les tocó empezar alguna vez. Además, también está la posibilidad de hacer un intercambio, o un postgrado, incluso de pasarte al bando de enfrente y convertirte en profesor.

Daniela está finalizando Arquitectura y tiene muchas expectativas laborales, pero en una cartelera de la facultad encontró una oportunidad que no desaprovechó: una beca de seis meses en Brasil, la cual ganó por méritos estudiantiles. “Quiero vivir esta experiencia, saber cómo se trabaja allá, cómo se estudia, porque además puede ser una fuente potencial de contactos para el futuro”.

Y eso también forma parte de la facultad: para aquellos que realizan una carrera de excelencia, mucho esfuerzo y sacrificio mediante, se les abre un abanico de oportunidades muy grande que va desde mejores oportunidades laborales, gracias a las recomendaciones de los profesores, hasta becas gratuitas en el exterior. El camino lo elegís vos.

Además, a diferencia de una competencia para saber quién es el mejor, en la facultad obtienen el título todos los que llegan al final. Lo maravilloso en la carrera de estudiar es que siempre queda un lugar para vos entre los ganadores.Desde divertirse hasta quemarse las pestañas. Ir en primera o querer dar reversa. Una reflexión sobre ‘esto’ de hacer carrera.

 — por Diego Paz. Publicado originalmente en la Pro Universitarios #8

 

La carrera a veces se parece mucho a eso: a una carrera; a una maratón hacia el título. El primer año está plagado de obstáculos, algunos verdaderos, otros no tanto. Como una partida, es vital arrancar con todo para que después todo se te haga más fácil.

Por supuesto que en el proceso vas a encontrar muchas cosas que no te gusten, como esas famosas ‘materias filtro’, o los clásicos comentarios pesimistas como “uhh, que larga esa carrera, no querrás hacer algo más corto”. No hagas caso, si estás ahí es porque crees que eso es lo que te gusta hacer, esas pequeñas cosas no tienen que intimidarte.

Además, si sos de Montevideo, siempre podés pensar en tus nuevos compañeros del interior, que llegan a hacer 700 km para poder estudiar lo que quieren, alejados de sus familias y de la ciudad que conocen. Ese podría ser un gran motivo para detenerlos, pero sin embargo están ahí, en el banco de al lado.

De todas formas, enfrentarse a la facultad por primera vez, o simplemente comenzar un año nuevo, es una experiencia personal única e intransferible. Aunque sería mucho más fácil si hubiera un manual, pero a lo sumo solo unos consejos útiles. Sentarte en un salón gigante con 300 desconocidos (o 50, o 20) es algo que tenés que vivir vos, nadie más. Porque además, si vas con tus viejos, no vas a hacer muchos amigos.

¿La decisión correcta?

Otra de las particularidades que tiene escoger una carrera es que parecería que a los 18 años (más o menos) estás eligiendo tu futuro laboral; incluso algunos adelantados llegan a imaginarse 20 años después con lentes, varias canas y una pila de libros gigante en un escritorio. Es entonces cuando esa decisión parece transformarse en algo muy importante y en eso hay algo de cierto: la elección de la facultad es muchas veces la primera gran decisión que hay que tomar, por ello está rodeada de incertidumbre.

Ahora bien, ese nuevo reto, el de enfrentarse a un programa de estudios que debería incluir cosas que te interesan, no implica que el recorrido sea siempre sobre ruedas. A veces se hace cuesta arriba: no faltarán ocasiones en las que vas a querer dejar todo e incluso te vas a preguntar “¿Qué hago yo acá?”.

Álvaro, de 23 años, trabaja hace seis años y en 2010 empezó Medicina, la carrera  más larga de todas, que puede llegar a tener 13 años de duración con la especialización. A los pocos meses abandonó porque tenía que seguir trabajando y la facultad implicaba demasiadas exigencias. El problema: incompatibilidad entre su necesidad de trabajar y la carrera escogida. La solución: comenzar de nuevo la facultad, pero esta vez Neurofisiología en el Hospital de Clínicas, una opción con mayor flexibilidad de horarios y de cuatro años de duración. Sus expectativas: las mejores.

Su caso es el de muchos otros alumnos que en su primer intento erran la opción, pero el riesgo es ese, equivocarse y arrancar de nuevo. Al momento de optar cada uno sabe que existe esa posibilidad, solo es cuestión de dar marcha atrás y analizar mejores alternativas.

Hoy en día la oferta pública y privada en las Universidades es tan variada que debería existir un curso completo para conocer todas las carreras disponibles. No te preocupes, seguro más tarde o más temprano vas a encontrar algo que te guste.

El pelotón

Cuando ya estás más avanzado, a mediados de los estudios, pueden aparecer otros problemas, como sentir que todas las materias son un relleno, simples excusas para prolongar el camino al título. En una maratón tus músculos estarían cansados, sentirías que todavía falta mucho y la meta no estaría a la vista. La clave es no olvidarse que aún está ahí.

En esos momentos, que parecen nudos imposibles de resolver y que desestimulan, lo mejor es hablar con personas que estén aún más avanzadas o incluso trabajando. En sus palabras podrás encontrar muchas veces que el más extraño de todos los cursos es de mucha utilidad al momento de trabajar. No siempre los programas de estudio están equivocados.

Pero si recibís una respuesta contraria, podés plantearte lo siguiente: asistir a algunas clases que no te interesan en lo más mínimo y salvar dos o tres exámenes bien pero bien aburridos sin perder de vista tu objetivo final; tu zanahoria: el título.

Esto se refleja muy bien en las palabras de Santiago, estudiante de Ingeniería, al cual le quedan dos años para graduarse: “Los primeros años estaba más emocionado porque estaba viviendo algo nuevo, después llegué a un estancamiento y todo parecía aburrido. Este año, como estoy más avanzado, estoy mucho más motivado y pensando en terminar la carrera”.

Además, otro fenómeno que se plantea durante los años universitarios, que deriva de lo anterior, es descubrir que a todos no les gusta estudiar lo mismo, incluso dentro de la misma facultad. Es por ello que existen las especializaciones, que si no están incluidas en la carrera, seguro aparecen más tarde en el mercado laboral.

A veces hay que esperar un poquito más para poder desarrollarte en lo que realmente querés, pero no tengas dudas de que la plataforma para llegar a ese lugar es la facultad.

El remate

 El final de la carrera se destaca por la ansiedad, como el sprint final. Aquí la clave es no olvidarse de todo lo que hiciste antes y seguir concentrado en dar lo mejor, ya falta poco.

Algo que siempre ocurre es que llegado el momento en el que estás por terminar sentís que no aprendiste nada. Incluso al hablar con tus compañeros, ellos te dicen lo mismo y comienza una especie de paranoia que los hace sentirse inseguros a todos.

Esto se hace mucho más grave cuando piensan que el día de mañana se van a tener que enfrentar al primer día de trabajo, momento en el que se escuchan frases como “voy a estar re pintado” o “ni yo  me contrataría a mi mismo”.

No seas tan exigente, a todos les tocó empezar alguna vez. Además, también está la posibilidad de hacer un intercambio, o un postgrado, incluso de pasarte al bando de enfrente y convertirte en profesor.

Daniela está finalizando Arquitectura y tiene muchas expectativas laborales, pero en una cartelera de la facultad encontró una oportunidad que no desaprovechó: una beca de seis meses en Brasil, la cual ganó por méritos estudiantiles. “Quiero vivir esta experiencia, saber cómo se trabaja allá, cómo se estudia, porque además puede ser una fuente potencial de contactos para el futuro”.

Y eso también forma parte de la facultad: para aquellos que realizan una carrera de excelencia, mucho esfuerzo y sacrificio mediante, se les abre un abanico de oportunidades muy grande que va desde mejores oportunidades laborales, gracias a las recomendaciones de los profesores, hasta becas gratuitas en el exterior. El camino lo elegís vos.

Además, a diferencia de una competencia para saber quién es el mejor, en la facultad obtienen el título todos los que llegan al final. Lo maravilloso en la carrera de estudiar es que siempre queda un lugar para vos entre los ganadores.