Prepararse para nuevas realidades – María Simon

Prepararse para nuevas realidades – María Simon

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© Fabián Bia

En marzo de 2015, la Ingeniera María Simon se convirtió en nueva Decana de la Facultad de Ingeniería de UdelaR. A Simon la define una vasta experiencia al frente y dentro de distintas instituciones (ANTEL, MEC) y una mirada aguda sobre distintos temas. En esta entrevista, la Decana habla de verdades y mitos del emprendedurismo, los cambios que la FING ha desarrollado a nivel formativo y los desafíos de la educación en nuestro país.

 ¿Cómo responde la Facultad a la creciente demanda de profesionales en el mercado laboral? ¿Se han modificado algunos aspectos de las carreras para brindar a los jóvenes ciertas competencias prácticas vinculadas con el mundo del trabajo?

Se han hecho cambios en varios sentidos que también incluyen a la formación técnica. En el año 1997 se pasó a un plan más corto, de 5 años, y con un sistema de créditos que le brinda al estudiante el tiempo que debe dedicarle a la carrera. A esto se suma que la carrera tiene un grado de opcionalidad bastante alto. Buscamos darle al estudiante un perfil bastante integral e individualizado, eligiendo cursar algunas materias en otras facultades. Esto lo ayuda a tomar sus propias decisiones desde muy temprano, y planificar su vida, centrándose en lo que realmente le interesa.

“Es importante fomentar la actitud de seguir aprendiendo, en contraposición a la creencia de que la formación termina cuando se obtiene el título de egreso y se empieza a trabajar. Esa creencia perdió vigencia hace, por lo menos, 50 años”.

Otras modificaciones que hemos hecho, ha sido incluir actividades prácticas dentro de la carrera que se alejan un poco del curso tradicional y expositivo. La idea es que los jóvenes aprendan a través de proyectos que toman lugar casi al principio de la carrera. Esto fomenta el espíritu emprendedor y enfrenta a los estudiantes a problemas en los que no tienen todos los datos y para los cuales no existe una única solución, como pasa en la vida. La formación tradicional apuntaba a que todo problema tenía los datos suficientes y una única solución, y eso casi nunca es así. Siempre hay distintas soluciones, con diferentes condicionantes desde distintos puntos de vista.

¿Cómo se dan estas actividades prácticas dentro de la carrera y en qué proyectos han derivado?

Algunos de estas instancias de aprendizaje práctico son el Taller Inicial de Ingeniería Eléctrica o el taller Encararé, que junta a estudiantes de Ingeniería y Diseño y de ahí ha resultado una mezcla estupenda. En proyectos como el satélite ANTELSat los aportes de los estudiantes de diseño fueron significativos al momento de proveer una la visión global del asunto y algunos conceptos clave en el aprovechamiento del espacio. Estas actividades fomentan el espíritu emprendedor y el trabajo en equipo, al tiempo que le brindan al estudiante una gran experiencia. Entendamos que este tipo de habilidades no tienen que ser el destino de todo el mundo. A veces, se entiende que si el estudiante no sigue por ese camino, está mal, y no es así. Pero muchos estudiantes van a optar por estos caminos, porque para resolver la mayoría de los problemas de la actualidad, es necesario trabajar en equipo y tener un enfoque interdisciplinario.

¿Qué opina de la presencia que tiene el emprendedurismo en las nuevas generaciones? ¿Es necesario diferenciar aquellos aportes reales de una tendencia que se ha puesto un poco de moda?

Cuando las cosas se ponen de moda es peligroso. Existe una primera reacción que consiste en endiosar esa tendencia, e inmediatamente después se la descalifica. Yo no creo ni una cosa ni la otra.

“Emprender no tiene por qué ser el destino de todo el mundo. Incluso, puede haber trampas adentro de ese discurso, vinculadas a una precarización del trabajo”.

En muchas ocasiones o coyunturas políticas, se estimula que las personas facturen de forma independiente. Muchas empresas tercerizan todos sus servicios, no sólo en el sector de ingeniería sino también en la salud. De pronto, una relación que es de dependencia, se hace parecer como que no lo es. Y a veces, estas pautas están claras desde el principio, pero otras veces, se busca “adornar” esta situación con el discurso del espíritu emprendedor. A eso me refiero con precarización del trabajo. De todos modos, en la acción de emprender hay aspectos que valoramos muchísimo: la creatividad, el trabajo en grupo, la aplicación a diferentes esquemas. Muchas veces se asocia el emprendedurismo con empresas, pero también se puede emprender desde una Facultad o una cooperativa.

“Para emprender se necesitan personas que tomen iniciativas nuevas y que piensen sin prejuicios. No creo que haya un método mágico, que a partir del aprendizaje de distintas técnicas, le permita a la persona convertirse automáticamente en un potencial emprendedor”.

No se puede dar clases de emprendedurismo, pero sí generar experiencias que le muestren al estudiante cómo enfrentarse a un problema desafiante, que no requiere sólo aplicar lo que ya aprendió sino ir a averiguar cosas que nadie le enseñó. Y eso es en definitiva lo que tiene que formar la universidad. Un docente que teníamos nosotros definió a la universidad como “una institución en la que la gente tiene que aprender lo que no se les enseña”. Y es exactamente así. Nadie te va a enseñar todo. No hay que creer en la magia y pensar que por hacer un mes en Stanford a uno le va a cambiar la vida. Las cosas de moda tienen eso. Después de un tiempo, sus significados se vuelven demasiado imprecisos, pero hay gente muy buena emprendiendo y fomentando esta actividad.

¿Qué competencias adicionales son requeridas para que los nuevos ingenieros tengan un perfil profesional más completo?

En primer lugar, es necesario que tengan un buen conocimiento básico. Mucha gente que en un inicio era contraria a que hubiera una presencia tan fuerte de la Física o la Matemática en la carrera, luego termina valorando la incidencia de las ciencias fundamentales en su formación porque ayudan a resolver otros problemas. Son muy necesarias para aprender el método de razonamiento. Luego, también es necesario fomentar un buen conocimiento tecnológico que le permita al estudiante entender las razones por las que algo se empieza a usar o se deja de usar, pero sus principios se mantienen. En materia de telecomunicaciones, durante una época se hablaba mucho de las redes de servicios integrados, luego se pasó a algo que se llamó Modo de Transferencia Asíncrona (ATM) y más adelante todo eso se terminó aplicando sobre internet. Las ideas de darle prioridad al tráfico según su naturaleza; según si es datos, audio o video se han ido transfiriendo al ámbito de internet, que inicialmente estaba pensado para otra cosa. Si el ingeniero entiende los fundamentos de la tecnología y desarrolla la capacidad de cambiar, es capaz de seguir aprendiendo, ayudado con cursos de actualización o posgrados. La especialización profundiza el conocimiento en un área en particular, como telecomunicaciones, minería, celulosa y papel, seguridad informática, etc. La maestría es llegar al máximo grado de conocimiento en cierta área. El doctorado implica demostrar la capacidad de crear conocimiento nuevo; no sólo para el momento de la tesis, sino de forma continua. Muchas veces, los posgrados se dirigen a crear personal docente, pero cada vez más posgraduados enfocan su carrera profesional al medio productivo. Esa capacidad de crear e innovar es esencial en el sector productivo, porque el país la necesita para generar más trabajo.

¿Necesitamos fomentar el interés por carreras tecnológicas en jóvenes y adolescentes?

Sin duda. Uruguay tiene la 5ta o 6ta parte de los ingenieros que necesita. La carencia es tal que las personas suelen ser contratadas bastante antes de terminar la carrera. Está bien generar experiencia laboral en los estudiantes, pero cuando se trata de trabajos tan demandantes, las personas no se reciben o demoran mucho en recibirse. En ese momento, ganan un salario que les resulta satisfactorio pero luego quedan menos fortalecidos para posibles cambios. De repente, se requieren otras habilidades y al no contar con el ciclo completo, los estudiantes quedan desprotegidos.

¿Cómo es la representatividad de estudiantes mujeres en la población de la Facultad actualmente?

Ingeniería siempre ha tenido un índice bajo de mujeres, que aunque ha aumentado durante los últimos años, aún muestra una desigualdad importante. Mientras en el conjunto de carreras de UdelaR, las mujeres componen más de un 60% del estudiantado, en la FING la población femenina anda entre un 25 y 30%. Existen ciertos prejuicios que hacen que se asocien ciertas carreras con el género femenino y otras con el masculino. Por ejemplo, en Informática, que es una carrera relativamente nueva, no deberían pesar mucho los prejuicios.

“Si bien en la Facultad, todo el mundo se siente bien y hay un trato igualitario, en el mundo del trabajo existe cierta discriminación y a veces, se prefiere a los ingenieros hombres”.

Desde la Facultad, ocasionalmente, vemos que dos compañeros de clase –hombre y mujer- se presentan al mismo trabajo y convocan al hombre, aunque la mujer tenga mejor escolaridad. Eso está mal y es muy difícil saber cuándo ocurre, ya que salvo casos especiales, uno no sabe quiénes más se presentaron.

Muchas facultades comentan el bajo nivel en matemática y otras disciplinas con el que los estudiantes egresan de secundaria. ¿Ingeniería encuentra problemas de este tipo en sus estudiantes de primer año?

Sí. De todas formas, creo que es inconveniente echarle la culpa a otro ciclo educativo. La gente muchas veces no viene con la preparación que esperaríamos. No sólo en matemática, sino también en lenguaje. Suele pasar que algunos estudiantes que recién ingresan, no entienden bien la formulación de un problema. No es que no sepan cómo resolverlo; no saben qué les están preguntando. Eso se va arreglando de muchas maneras, una de ellas es adelantar los contenidos técnicos de la carrera; los proyectos, los talleres. Eso entusiasma a la gente con la facultad. Otra herramienta no menor es el rol que juega el Entorno Virtual de Aprendizaje (EVA) de la UdelaR, facilitando el acceso a contenidos académicos y fomentando una interacción mucho más grande entre estudiantes que contribuye mucho y ayuda a la creación de grupos de estudio presenciales o virtuales. Otra iniciativa para hacer la carrera más accesible es que algunos cursos semestrales puedan tomarse de forma anual si el estudiante así lo desea.

Hay quienes señalan un deterioro en el nivel de la educación en nuestro país. ¿Cómo cree que se ha ido dando esta situación y qué acciones a nivel social y educativo deberían tomarse para modificarla?

“Esa tendencia a imaginar pasados dorados es muy humana y siempre es falsa. Tenemos problemas, pero son problemas de crecimiento. Antes, muchísima gente hacía sólo primaria y le alcanzaba, porque había que saber menos cosas y con un trabajo no especializado, se podía sobrevivir. Ahora, es necesario estudiar más”.
Cuando entran a la universidad personas que son la primera generación de su familia en ingresar a la educación terciaria, vienen con una cultura distinta a la que esperamos. Entonces, a veces, nosotros tratamos de ofrecerles caminos que no les interesan. Y también viene gente de la marginación, a quienes tenemos que recibir de brazos abiertos, como a cualquier otro estudiante. Hace poco un maestro me decía que más que aprender un oficio, lo difícil es aprender a trabajar. Y aprender a trabajar va en el esfuerzo que es necesario dedicar todos los días, cómo tratar a las personas. En un curso introductorio de la carrera, un profesor de la Facultad les decía a los estudiantes: “Hasta ahora, los principales interesados en que usted aprendiera eran otros, ahora o es usted o nadie. Al país le interesa que haya más ingenieros, pero no le interesa particularmente que usted sea ingeniero”.

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