Todo sobre los drones del Ministerio del Interior

El uso de drones por parte del Ministerio del Interior como parte de su operativo de seguridad ciudadana es un ejemplo de aplicación de tecnología a problemas concretos. Service y Proyectos, una compañía con larga trayectoria en electrónica y aeromodelismo, fue la encargada de desarrollar el Colibrí, un drone capaz de hacer contribuciones significativas al trabajo en seguridad, extinción y prevención de incendios, accidentes de tránsito y otras situaciones de riesgo.

Fernando Angeloro y Eduardo Gloria (socios fundadores de Service y Proyectos) son aeromodelistas, y comenzaron a vincular el aeromodelismo como solución en materia de seguridad a través de la colocación de cámaras de video en aviones. Esto llevó al desarrollo de un prototipo de avión no tripulado para el Ejército Nacional, el UAV conocido como Charrúa. Este avión fue desarrollado en 2008 por un equipo importante de técnicos y alcanzó estándares de calidad similares y en algunos casos superiores a los de los aviones desarrollados por Argentina y Chile en ese momento. El Charrúa podía alcanzar una autonomía de vuelo de hasta 6 horas. Por un tema económico, la administración que asumió en 2010 decidió no continuar con el proyecto.

Tecnología acorde a las necesidades

Fernando y Eduardo continuaron investigando en contacto con desarrolladores de UAVs de otras partes del mundo, y hace poco desarrollaron el drone Colibrí para el Ministerio del Interior. “El diferencial de estos equipos está profundamente relacionado con el desarrollo que han tenido las baterías del ion polímero. Al generar un buen voltaje y amperaje de forma rápida, y tener un bajo peso, estas baterías han posibilitado la idea de tener un dispositivo volando de forma autónoma, aunque sea relativamente pesado”.

La duración de la batería de estos drones depende del peso, su configuración y el sensor que lleve, pero ronda los 25 minutos. Determinar estas características fue una etapa clave dentro del desarrollo del Colibrí. “En plaza cualquiera puede comprar un drone armado, pero si el objetivo es aplicarlo a una misión específica, es necesario tener en cuenta ciertos parámetros”, comenta Fernando. “Eso es lo que se hizo con el Ministerio del Interior, que buscaba enfocar la tecnología a reconocimiento de lugares a través del registro de imágenes aéreas, georeferenciadas. Otra cosa que nos pidieron fue mantener la horizontalidad de la imagen cuando el drone vuela de forma perpendicular para contrarrestar el viento. Por esta razón, las cámaras están montadas sobre un sistema que mantiene la línea de tierra estable, aunque el drone esté inclinado”.

El drone Colibrí cuenta con 6 motores y puede geoestacionarse en un lugar, crear misiones y ante cualquier emergencia, regresar a su punto de partida de forma autónoma. Lo que el sistema entiende como emergencias son interferencias de terceros en la tecnología (que alguien intente hackear el sistema), o situaciones que podrían poner en riesgo el equipo.

El Ministerio del Interior también manifestó su necesidad de emplear cámaras con zoom y de diferentes tipos, así como lograr la transmisión en tiempo real desde el drone a un control de tierra. “Esta tecnología es relativamente nueva y el Ministerio tuvo que generar instancias de entrenamiento para su personal”.

Quién tiene el control

Los equipos son operados por dos personas que trabajan de forma coordinada: uno que controla el drone en sí y otro que monitorea las imágenes capturadas por la cámara, que pueden ser enviadas por internet a cualquier lugar. Si bien estas personas trabajan en un mismo espacio físico, el sistema permite que puedan colaborar de forma remota. Para volar un Colibrí se necesitan habilidades relativas a la orientación y los reflejos, por ejemplo cuando el drone emprende su vuelo, alejándose del control de tierra, los comandos se corresponden con la dirección que se le quiera dar al avión; izquierda, derecha, atrás, adelante. Pero cuando el drone regresa, es necesario llevarlo hacia adelante y si se busca que vire a la izquierda, hay que mover el control a la derecha. Parece fácil, pero es necesario contar con profesionales que puedan adaptarse fácilmente a esta modalidad y responder correctamente en situaciones de riesgo. “A veces el viento invierte el drone y quien lo controla, no siempre lo nota. Esto se da principalmente, durante la noche. Nosotros le colocamos luces al dispositivo para facilitar su visibilidad y es necesario que la persona que lo maneja sepa identificarlas para saber si viene mirando hacia adelante o atrás, si se dio vuelta, etc”.

Un colibrí en Montevideo

Ante la aparición y propagación de cámaras de seguridad por distintos lugares de la ciudad, es sensato preguntarse qué utilidad tiene un drone.“En Montevideo hay zonas donde aún no hay cámaras, o incluso donde las hay, existen puntos ciegos, en los que se pierde información. Ante una toma de rehenes, un incendio u otra situación en la que se haga necesario ver una circunstancia puntual para entender qué está sucediendo, el drone tiene una utilidad muy especial. Se puede hacer volar el equipo arriba de la azotea de cualquier casa, ir a zoom con la cámara y acceder a una perspectiva diferente de la situación”.

“Ahora estamos desarrollando un equipo especial para control de incendios, que cuenta con cámaras diferentes que permiten informar a los bomberos sobre el punto específico donde está el fuego. De esta manera, se simplifica mucho la tarea de extinción del fuego, ya que muchas veces el humo impide ver dónde está el foco inicial del incendio”.

Manejar con responsabilidad

Los drones fueron prohibidos en España y Estados Unidos está legislando actualmente su utilización, luego de la propuesta que enviara al Congreso la Administración Federal de Aviación de ese país. La misma establece que el dispositivo debe permanecer a la vista del operador, que debe tener más de 17 años de edad y prohíbe los vuelos nocturnos o en un radio menor a 8 kilómetros de un aeropuerto. Fernando opina que operar un drone es una responsabilidad muy importante que no debe ser tomada a la ligera. “Hay drones de juguete que difícilmente ocasionen un accidente grave si se le caen en la cabeza a alguien, pero con drones como el Colibrí, que pesa 10 kilos, la cosa cambia. Por eso el Ministerio los vuela cuando es realmente necesario. Hoy los equipos pueden adquirirse fácilmente en plaza, por lo que en ciertos conciertos y espectáculos públicos, hemos visto el uso de 4 o 5 drones a la vez. Eso no puede ser. Un Phantom, que es el equipo más usado por el sector audiovisual si se le cae en la cabeza a alguien, lo puede lastimar seriamente”.

Paquetes voladores

Recientemente, la empresa Amazon anunció que en un plazo de 4 a 5 años estará repartiendo paquetes a través del sistema Amazon Prime Air, que incorporaría drones para mercadería con un peso máximo de 2.5 kg. El gobierno de Estados Unidos ya autorizó a la empresa a realizar pruebas con drones en terrenos rurales privados dentro del Estado de Washington. “Mandar drones a personas y clientes, involucra ciertas complicaciones”, opina Fernando. “Puede darse un congestionamiento o interferencias. Es necesario conocer el lugar donde se van a usar y determinar si hay árboles o cables que puedan obstaculizar la ruta del equipo. No se puede mandar un drone a una casa que baje y le largue un producto al que vive ahí. Y aunque Amazon pueda hacerlo, los costos que tendría serían muy altos. Lo que quisieron demostrar con eso es que un drone actualmente, puede desempeñar muchas tareas, pero hay limitantes que es necesario tener en cuenta”.